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Las iglesias fortificadas de Transilvania, bajo amenaza de derrumbe

Published on Agosto 18, 2026 at 08:39

La histórica iglesia fortificada del pueblo de Mosna ha sufrido el derrumbe de una de sus murallas exteriores — Daniel MIHAILESCU / AFP
Una de las propuestas para dar una nueva vida a estas iglesias es convertirlas en espacios culturales — Daniel MIHAILESCU / AFP
Alrededor de la mitad de las iglesias fortificadas han sido o serán objeto de trabajos de restauración — Daniel MIHAILESCU / AFP
El rey Carlos III del Reino Unido visitó la iglesia de Mosna en 1998 — Daniel MIHAILESCU / AFP
A principios de este mes, un festival dedicado a promover el patrimonio sajón atrajo a una cifra récord de casi 10.000 visitantes — Daniel MIHAILESCU / AFP
Hay más de 160 iglesias fortificadas en Transilvania, construidas por la minoría alemana — Daniel MIHAILESCU / AFP
La histórica iglesia fortificada del pueblo de Mosna ha sufrido el derrumbe de una de sus murallas exteriores — Daniel MIHAILESCU / AFP

Construidas a finales de la Edad Media como refugio frente a los ataques, las famosas iglesias fortificadas de Transilvania corren el riesgo de desmoronarse pese a los esfuerzos por preservarlas y darles una nueva vida.

Un claro recordatorio de esta amenaza es la histórica iglesia fortificada de Mosna, en el centro de Rumania, donde una de sus murallas exteriores se derrumbó durante una noche de junio.

Desde entonces, Mariana Rempler, la última mujer que queda de la comunidad sajona del pueblo, germanoparlante, teme que la iglesia pierda una de sus torres.

"Sentí un gran dolor, como si me hubiera derrumbado al mismo tiempo que aquella muralla", declara entre lágrimas la mujer, de 74 años, a la AFP, dentro de la iglesia donde fue bautizada y contrajo matrimonio.

La iglesia de Mosna recibe unos 4.000 visitantes al año y es una de las más de 160 iglesias fortificadas de Transilvania, protegidas mediante murallas exteriores y construidas por la minoría alemana para que la población de aquel territorio fronterizo, entonces en disputa, pudiera refugiarse.

A medida que los sajones abandonaron Rumania, muchos de ellos escapando de la dictadura comunista de Nicolae Ceausescu, varias de estas iglesias comenzaron a deteriorarse, al no quedar nadie que se encargara de su mantenimiento.

Forman parte de los monumentos históricos y otros edificios de este país de Europa del Este, por cierto uno de los más pobres de la Unión Europea, que se enfrentan al deterioro, víctimas del abandono.

Edificios como el de Mosna, objeto de trabajos de restauración tras la caída del comunismo en 1989, siguen estando en peligro, ya que resulta difícil conseguir fondos para continuar consolidándolos.

De los 300.000 sajones que vivían en Transilvania antes de la Segunda Guerra Mundial, hoy solo quedan unos 10.000.

Aproximadamente la mitad de las iglesias fortificadas -unas 80, incluida la de Mosna- fueron restauradas en los últimos 35 años o serán objeto de obras de restauración durante los próximos cinco, explica Cristian Cismaru, director de la Fundación de Iglesias Fortificadas.

La fundación trabaja junto con la Iglesia Evangélica de Rumania para preservar estos monumentos históricos mediante fondos procedentes de subvenciones y donaciones. El 85% del dinero procede de la Unión Europea.

"No creo que podamos ocuparnos de la otra mitad de nuestro patrimonio durante nuestra vida. Quedará para las generaciones futuras" comenta Cismaru durante una comida que organizó con la comunidad local para los turistas, seguido de una visita a la iglesia del pueblo de Cincsor, situado a 60 kilómetros al sureste de Mosna.

Explica a los participantes que un tercio del precio de la entrada (30 euros), se destinará a un proyecto de desarrollo local, añadiendo que muchas de las iglesias necesitan "un nuevo concepto para sobrevivir", ya que ya no pueden funcionar únicamente como lugares de culto.

Una de las propuestas es convertirlas en espacios culturales.

A principios de este mes, las iglesias fortificadas acogieron decenas de actividades como parte del mayor festival anual de Rumania dedicado a promover el patrimonio sajón. Según los organizadores, el festival recibió este año una cifra récord de casi 10.000 visitantes.

En Mosna, el alcalde, Dumitru Nutu, afirma que desde que se derrumbó la muralla más turistas acuden a visitar la iglesia, principal atracción del pueblo.

Cientos de ladrillos esparcidos, cubiertos por una lona de plástico, se acumulan a los pies de la torre amenazada, apuntalada con vigas de madera en 2017.

"Estamos seguros de que, sin duda, se llevarán a cabo las reparaciones", indica François Regis, un turista francés de 53 años que visita el lugar con su esposa, y describe la iglesia como hermosa y bien conservada, salvo por la parte norte.

Al igual que los turistas, Rempler también toma fotografías de la torre casi a diario, pero con el propósito de documentar las grietas visibles y exigir que se actúe con rapidez.

"Tengo miedo de que dentro de uno o dos meses esa torre ya no siga en pie", lamenta, ya que la muralla que la sostenía desapareció.

Espera que el derrumbe de la muralla sirva de llamada de atención y que finalmente se encuentre una solución.

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