Montevideo

Gianni Infantino, de imbatible a tambaleante

Published on Agosto 3, 2026 at 19:08

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, durante el partido del grupo D del Mundial entre USA y Paraguay en Los Angeles Stadium, el 12 de junio de 2026 — Frederic J. BROWN / AFP
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, durante el partido del grupo D del Mundial entre USA y Paraguay en Los Angeles Stadium, el 12 de junio de 2026 — Frederic J. BROWN / AFP

A la cabeza de la FIFA desde hace diez años, Gianni Infantino ha multiplicado los proyectos polarizantes, hasta el anuncio la semana pasada de abrir los eventos de la instancia a la inversión privada, un proyecto finalmente abortado por el que el dirigente podría haberse quemado las alas.

Percibido como prácticamente indestronable, el italo-suizo de 56 años, que también posee la nacionalidad libanesa, está ahora en el punto de mira de la UEFA, la confederación europea que considera su proyecto como "cutre", y de la Concacaf, de Norte, Centroamérica y Caribe, que ve en esa propuesta "el reflejo de un liderazgo que ha dejado de poner al fútbol en primer lugar".

Pero pese a que el políglota dirigente ha dado marcha atrás, sus detractores no han cesado su presión.

El lunes, la federación galesa y la sueca anunciaron que no apoyarían a Infantino en las próximas elecciones a la presidencia de la FIFA, que se celebrarán en Marruecos el próximo mes de marzo y para las que es el único candidato por el momento.

Unos posicionamientos inéditos e inimaginables hace menos de dos semanas, tras "el mejor Mundial de la historia" en palabras del propio Infantino, que parecía haber refrozado su dominio sobre el fútbol mundial, del que quiere "liberar su potencial comercial".

Llegado de puntillas a la cabeza de la FIFA en 2016, el exsecretario general de la UEFA asentó rápidamente su poder, siendo reelegido sin oposición en 2019 y 2023.

"Restaurar la imagen de la FIFA" y "hacer que el fútbol sea realmente mundial": la ambición del italo-suizo queda resumida en esas dos frases, por las que pretendía convertirse en un garante de la integridad y de la igualdad de oportunidades en el deporte más popular del mundo.

Sin los escándalos que hicieron caer a finales de 2015 a su predecesor Sepp Blatter y al expresidente de la UEFA Michel Platini, que parecía tener aseguarado suceder a Blatter, pocos expertos habrían apostado por este jurista sin pasado deportivo para dirigir la instancia con sede en Zúrich.

De moverse en las sombras a perder miedo a los focos, rozando la extravagancia, ya sea despejando las críticas sobre Derechos Humanos antes del Mundial 2022 en Catar, evocando haber sido "discriminado" en la infancia por ser italiano en el cantón suizo de Valais, o diciendo haberse "inspirado", durante la apretada campaña electoral de la FIFA 2016, "por la manera en la que Ruanda volvió a levantarse" del genocidio de 1994.

El pasado mes de diciembre, sustituyó incluso a la fundación Nobel sacándose de la chistera un Premio de la paz de la FIFA con el que agasajar a Donald Trump.

Sus vínculos con el mandatario estadounidense han sido criticados, especialmente luego de que la FIFA levantase la suspensión al atacante Folarin Balogun en octavos de final del Mundial 2026, una medida en la que Trump presumió de haber intervenido.

Pero curiosamente, Infantino no pareció debilitarse por ese escándalo ni por el resto de polémicas surgidas a lo largo del Mundial, como la imposición de las pausas de hidratación, con gran impacto económico para los anunciantes.

Pero el anuncio el pasado martes de querer abrir las puertas a inversores privados parece haber sido un punto de inflexión que amenaza ahora con hacer caer a quien parecía intocable hasta no hace mucho.

La oposición no ha cesado de crecer, incluso en su círculo íntimo, como demostró la dimisión de su consejero principal Carlos Cordeiro.

La UEFA recurrió a su arma definitiva: una amenaza para boicotear el próximo mundial. El esloveno Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA, mantiene unas frías relaciones con Infantino, y calificó de "populista" la manera en la que el patrón de la FIFA presumió de su proyecto de Mundial cada dos años en 2021, idea que fue abandonada pocos meses más tarde.

Este es uno de os pocos proyectos a los que Infantino ha renunciado del todo, después de haber logrado ampliar el Mundial de 32 a 48 equipos, no en 2022 como deseaba pero sí durante la edición 2026.

Infantino pretende ir más allá, aumentando a 64 equipos para 2034.

El año pasado inauguró su ansiado Mundial de Clubes de 32 equipos.

Las competiciones ampliadas permiten que la FIFA aumente considerablemente sus ingresos. En su voluntad por "hacer que el fútbol sea realmente mundial", Infantino redistribuye una fuente de esos ingresos a las federaciones nacionales, especialmente a las más pobres, otra forma de consolidar su puesto en la cabeza de la FIFA.

Queda sólo por saber si esos apoyos bastarán para que mantenga su puesto, ya que Infantino nunca jamás ha parecido tan debilitado en el trono del fútbol mundial.

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