Amélie Nothomb vuelve con su novela anual: "Escribir es terriblemente difícil" pero es un "placer"
Imposible imaginar la temporada literaria en Francia sin ella. Desde hace 34 años, Amélie Nothomb publica cada agosto una nueva novela que figura siempre entre los libros más vendidos.
Traducida a varios idiomas, la escritora belga explica en una entrevista con la AFP la idea que originó su nuevo libro "L'adolescence du perroquet" (que podría traducirse al castellano como "La adolescencia del loro"), y revela cómo sigue disfrutando de la escritura pese a que la considera "terriblemente difícil".
R: Siento una fascinación por las aves. Me fascinan por dos razones: su capacidad de volar y de comunicarse mediante sonidos.
El loro es el campeón indiscutible de la palabra: habla y comprende lo que dice; grita y sus gritos pueden ser de una nocividad extraordinaria; y también puede ser un cantante excepcional.
Jo, el loro de la novela, es un loro gris de Gabón, la especie más inteligente y la que mejor habla, pero también la más agresiva y perversa. Es la más interesante.
R: No estoy segura. Si la tiene, sería que el amor es un sentimiento que no obedece a ninguna moral.
Alban, el narrador, siente un amor profundo por ese pájaro, pero no es correspondido. Es una situación que muchas personas viven. El amor no es algo que se pueda exigir.
R: La emoción es incluso mayor. Me siento como alguien que vive una gran historia de amor desde hace 34 años. Es algo milagroso, pero nada está garantizado. Quiero estar a la altura de esa historia de amor con mis lectores, y eso exige una gran dedicación.
R: Por lo que he podido observar, mis lectores son de todo tipo: personas muy cultas y otras que no lo son tanto, jóvenes y mayores, hombres y mujeres. No existe un perfil único.
Si me pregunta qué es lo que les gusta de mis novelas, no lo sé. ¿El estilo? Me gustaría creer que sí. Pero también me dicen a menudo que hay una fuerte identificación con mis personajes. Muchos lectores me comentan: "Me reconocí en ese personaje".
R: Escribo tres novelas al año. Mientras las escribo, no tengo idea de cuál terminará publicándose. Al final del invierno las releo y entonces tomo una decisión.
Me organizo para poder escribir cuatro horas al día. Empiezo a las 4H00 de la madrugada y termino a las 8H00. Después voy a la editorial Albin Michel, donde respondo a las numerosas cartas que recibo.
R: Necesito comenzar el día con lo que más me cuesta. Es una excelente disciplina. Escribir cada mañana me parece una tarea descomunal, es terriblemente difícil. Y cuanto más lo hago, más difícil me parece. Pero precisamente por eso me gusta. No le cedería ese placer a nadie.
Con los años he aprendido a sentir físicamente ese lugar de mi cerebro desde el que debo escribir, justo en la frontera entre la locura y el sentido.
Lo más difícil es encontrar las palabras capaces de reproducir el sonido que uno lleva dentro. Evitar las notas falsas. Con el paso del tiempo he intentado depurar cada vez más ese sonido. Desde mis primeras novelas se ha simplificado enormemente. El objetivo no es escribir menos, sino escribir con mayor pureza. Quizás dentro de 30 años alcance el haiku, la piedra filosofal.
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