En los pubs de Londres, de la euforia a la desolación en siete minutos
El fútbol no volverá a casa, esta vez tampoco: los hinchas ingleses pasaron en siete minutos, los que necesitó Argentina para remontar la semifinal del Mundial con dos tantos tardíos (2-1), de la ilusión por poder emular a los héroes de 1966 a la desolación absoluta.
"Quería tener esperanza, pero la esperanza se fue", dijo a la AFP Sean Bannon, un hombre de 33 años que miraba perplejo el televisor de un pub del norte de Londres, todavía sin creerse que su selección hubiera dejado pasar de esa manera una oportunidad histórica.
Solo una vez Inglaterra logró llegar a una final del Mundial y fue hace sesenta años, por lo que generaciones y generaciones de hinchas del país de la todopoderosa Premier League no han visto nunca a sus Tres Leones rugir en el partido más importante del torneo más importante.
Ese pub londinense era un ejemplo de lo que se vivía en todo el país. Incluso decenas de personas seguían el partido desde la calle, mirando por las ventanas, porque no cabía nadie más dentro.
"Se nos escapa otra vez. Supongo que volvemos al punto de partida", añadía Bannon, antes de abandonar el lugar.
En otro lugar del animado barrio de Camden Town, el desfile de caras serias a la salida de los pubs y los locales que emitían el partido por televisión eran elocuentes a pesar del silencio.
"Estoy muy triste, muy disgustada. Confiaba que esta vez sí iba a ser... ¡y la cosa iba bien!", lamentaba Jemima, una estudiante de 21 años vestida con una camiseta de la selección.
- Silencio y resignación -
Durante el torneo, los hinchas pusieron su particular banda sonora a los partidos de Inglaterra, gritando a pleno pulmón la canción de los Beatles "Hey Jude" -en honor a su jugador Jude Bellingham- o la popular "It's coming home", pero después del partido solo había ganas de estar callados.
El cortejo silencioso, casi fúnebre, solo se rompía en esta parte de Londres por algún grito de frustración o de enfado, como el de una mujer que daba una patada a un cono de tráfico de plástico naranja.
Para muchos en el país era la primera vez que veían a Inglaterra jugando contra Argentina, ya que el anterior partido en un gran torneo de este pulso de gran rivalidad, que va más allá del fútbol, se remontaba al Mundial de 2002, cuando los europeos salieron victoriosos por 1-0.
Hubo un amistoso en 2005, igualmente con victoria inglesa (3-2), pero antes de la "era Messi".
Tom Denison, de 31 años y trabajador del sector tecnológico en Camden, fue una de las trescientas personas que abarrotaron el pub Edinboro Castle para ver el partido en una pantalla en el exterior.
"Todos sabemos que es la primera vez que Inglaterra juega contra (Lionel) Messi y que Messi juega contra Inglaterra. ¡Era el partido que todos estábamos esperando!", contaba.
"Obviamente, está cargado de historia", dijo en alusión al célebre gol de la "Mano de Dios" de Diego Maradona en el Mundial de México 1986 y a la disputa por la soberanía de las islas Malvinas (Falkland Islands en inglés).
Emily Dolling, de 25 años, vaticinaba que la del jueves por la mañana será "una depresión de las peores", mientras su amiga Sadie Nencini intentaba mantenerse positiva.
"Hemos tenido un buen torneo, así que creo que la gente estará orgullosa igual. ¡Lo han hecho bien!", declaraba Sadie a la AFP.
- La comunidad argentina celebra -
El primer ministro saliente, Keir Starmer, dijo estar "destrozado" por la derrota pero aplaudió a los jugadores: "La pasión y la energía que han mostrado representando el escudo nos han hecho sentir orgullosos a todos".
En un mensaje en X, la Familia Real también se sumó a los reconocimientos a pesar de la desilusión: "Aunque ustedes, Three Lions, estén lamiéndose hoy las heridas, siguen siendo el orgullo de toda una nación y se volverán a poner de pie".
Al otro lado de la capital británica, cientos de aficionados argentinos estaban de alguna forma atrapados en el terreno del enemigo y se unieron para vivir en comunidad la experiencia: The Lighthouse Theatre, en el barrio de Camberwell (sur de Londres), era el escenario para seguir juntos el partido.
Con banderas albicelestes y tambores, estos aficionados no se cansaban de animar a pesar de ir perdiendo gran parte de la segunda mitad.
Todo subió de decibelios con el empate y la posterior victoria de los suyos, que les abre las puertas de una auténtica "Finalissima" contra España.
jj/dr/cl
© Agence France-Presse
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